POGO POP, PRIVILEGIO Y EL TELÉFONO ROTO: CRÓNICA DE UNA NOCHE EN EL OMBLIGO DEL MUNDO | Debut de Santa Madero en Cusco.
- Richo Jaip
- Mar 10
- 17 min read

Vol. 1: El Ritual del “Circo Beat” en el Ombligo del Mundo
El Encuentro: Entre Eclipses y Galaxias Rosadas
La noche del 8M en Cusco no fue una fecha más; fue una colisión de eventos afortunados. Llegamos al Ukukus a las 7:30 PM, cuando el local aún bostezaba y las sombras de las deidades andinas pintadas en las paredes parecían cobrar vida con las primeras velas que Tito, el guardián de la consola, encendía con parsimonia.
Allí se materializó "La Guardiana del Pincel Galáctico" (nuestra economista interespacial de cabello rosado). Con su mochila roja de combate y esa paleta de verde fosforecente y el celular cuidadosmanete personalizado con caidas que ha sobrevivido a más batallas que Spider-Gwen revisando sus mensajes mientras sube edificios, Claudia demostró una paciencia de maestra Zen. Perdonar un retraso de 12 minutos en Cusco es una rareza que solo ocurre cuando hay eclipse en Sagitario. Mientras nos conocíamos fuera del mundo cibernético, el ambiente del bar —ese refugio de artistas y noctámbulos— empezaba a espesarse con una expectativa eléctrica.
Mateo Ledgard: El Manifiesto de la Despreocupación
La puntualidad nos dio un "tacle" inesperado. Mateo Ledgard (ex Temple Sour y actual motor sónico de Santa Madero) subió al escenario con una estética holgada, casi de arlequín en retiro, haciendo estiramientos en los rincones.
Mateo no solo es el bajista; es el arquitecto del sonido actual de la banda. Produjo el álbum debut de Santa Madero, "Ya no hay más ciudad" (que suele aparecer listada como "mi ciudad es genial" en el tracklist oficial), "Pero Frágil": El sencillo que los hizo virales.. además "Tu Paisaje Galáctico", que más que una canción, es una textura: un corte etéreo que recuerda a la atmósfera de The Cure en la era "Disintegration". Los synths no golpean, acarician; son capas de sonido que envuelven el oído en una neblina psicodélica mientras el bajo dicta un pulso que se conecta directo con el miocardio. Como buen bajista, Mateo prioriza esas frecuencias graves que llenan el pecho sin causar fatiga auditiva, un groove que se siente como un abrazo pesado y cálido. El debut "Ya tengo nostalgia por conversaciones que tuve ayer" (2022) Fue producida íntegramente por Mateo Ledgard, quien ayudó a dar forma al sonido envolvente y soñador que caracteriza ese tema.

Mateo no solo produce para Santa Madero; también tiene su propio proyecto solista, habiendo lanzado en 2024 su álbum "Lima la gris", donde explora sonidos similares pero más íntimos.
Solo con su voz y una guitarra Ibanez, Mateo nos sumergió en un "pop de dormitorio" que se siente como un arrullo, pero duele como una ruptura. Al sumergirse en "Tierra Prometida" de Mateo Ledgard, es imposible no detectar el ADN de los grandes arquitectos del rock argentino. La obra se despliega con un fraseo narrativo que evoca inmediatamente la época dorada de Fito Páez en los noventas. Esta técnica, que técnicamente llamaríamos densidad silábica, consiste en amontonar versos largos donde las palabras parecen atropellarse para entrar en el compás. Para entenderlo de forma simple, es como si en lugar de dar pasos marcados en una baldosa, Mateo estuviera corriendo por la calle intentando contarte un secreto antes de que se acabe la cuadra; esa prisa genera una sensación de confesión íntima y urgencia.
Esta fluidez se apoya en la síncopa vocal, un recurso donde el cantante decide no aterrizar sus palabras justo en el golpe del ritmo, sino un poquito antes o después. Es el equivalente a caminar fuera de las líneas de la vereda con total intención: no es que esté perdido, es que ha decidido que su voz sea "suelta" y no rígida, permitiendo que el texto fluya como una corriente de conciencia pura, similar a lo que Páez lograba en piezas densas como "Cadáver Exquisito" (Circo Beat, 1994) "Buscando un pozo de luz en la ciudad, muerdo el anzuelo y me dejo llevar...".
"Tumbas de La Gloria" (El Amor despues del Amor, 1992)
Esta es una Catarsis Narrativa. La cancion utiliza una metrica apretada casi de rap y reguetón donde la urgenica en la confesion de las frases no esperan al golpe de la bateria con una libertad donde las palabras flotan sobre una base armonica muy cargada,
En el Perú de hoy, las palabras tienen que salir rápido porque el GNV ya subió mientras terminabas la frase. Noticias recientes confirman que la parálisis del ducto en Megantoni no es solo un accidente; es el síntoma de una matriz que depende de un solo hilo. Mientras tú corres para llegar al trabajo antes de que el teletrabajo forzado por el Gobierno te quite el bono de transporte, las empresas eléctricas ya están pidiendo al MEF que las pérdidas por la crisis se carguen a tu próximo recibo de luz. Es esa prisa de Fito, pero sin la poesía del amor: es la prisa de decir "esto es un robo" antes de que te corten el suministro.
Caminamos fuera de las lozas empedradas del Cusco porque el piso está movido. Mientras el Ministro de Energía declara que esta es la "peor crisis en dos décadas", los grandes fondos de inversión extranjeros que controlan la Transportadora de Gas del Perú (TGP) —como EIG Global Energy de EE.UU. o Enagás de España— siguen facturando. Hay una síncopa perversa: el beneficio de ellos cae en el tiempo fuerte, pero el costo de los "tubos oxidados" y el mantenimiento que no se hizo a tiempo lo pagamos nosotros en el contratiempo, con impuestos y alzas.
El piano de esta tragedia tiene un bajo muy sólido: la clase dirigente que no pierde. Mientras nos peleamos entre nosotros —el taxista contra el pasajero por el alza del pasaje, el vecino contra el vecino por un escalón de diferencia social—, los que están en el clímax de la pirámide celebran que no tengamos tiempo para la creatividad. Si produces a toda velocidad, no piensas. Si no piensas, no cuestionas por qué el Perú, siendo exportador de gas, tiene que importar GLP de emergencia para que no se detengan las cocinas.
Reflexión Rapsódica: Al final, la pregunta de tu canción, es "¿Y entonces dónde quedo yo?", se responde con el silencio de un apagón programado. Nos quieren en modo "producción", sin aire para el falsete, sin tiempo para el arte, corriendo por una calle que cada vez tiene menos energia pora la mala alimentacion .
Volviendo al corazón de la pieza "Tierra Prometida" de Mateo, el piano deja de ser un simple acompañante para convertirse en un pintor de atmósferas. Aquí entran en juego los acordes con tensiones, específicamente las novenas y undécimas. Si un acorde básico es como un color primario —rojo o azul sólido—, estas tensiones son como añadirle matices brillantes o sombras a ese color, creando lo que los músicos llaman "aire". Es una herencia directa del estilo de Spinetta y Charly García, donde la mano izquierda del pianista ejecuta un "bajo caminante" o contrapunto. Imaginen que el piano construye un piso de cristal muy sólido y estable para que, encima, la voz pueda flotar y bailar sin miedo a caerse.
Los arreglos vocales también rinden tributo a esa escuela de la fragilidad emocional. Ledgard utiliza falsetes y saltos de registro que recuerdan la maestría de Spinetta para quebrar la voz en el momento justo y enfatizar una emoción. Es como si la voz fuera un elástico que se estira hacia notas muy agudas para subrayar una palabra importante y luego vuelve a su lugar. A esto se suman capas de voces que actúan como ecos, reforzando frases específicas para que resuenen en el aire, una técnica de producción que genera un ambiente onírico.
Finalmente, la canción se aleja de la estructura cuadrada de la radio para adoptar una forma rapsódica. En lugar de repetir el típico "verso-coro-verso", la música viaja por distintas secciones que cambian según el sentimiento del relato. Es una composición donde la literatura y la armonía tienen el mismo peso, permitiendo que la obra respire de forma orgánica. Al llegar al clímax, con la repetición dramática de "¿Y entonces dónde quedo yo?", queda claro que estamos ante un rock de autor que, al igual que clásicos como "Desarma y Sangra" o "Tumbas de la Gloria", prefiere la belleza de un poema narrado antes que la comodidad de una fórmula fija. Incluso hay destellos de Mateo "Ruso" Sujatovich (Conociendo Rusia); esa herencia con privilegios de los Sujatovich —hijos del teclado de Spinetta Jade y alumnos de la mítica "Pichona"— parece haberse filtrado en el ADN musical de Mateo. Es un sonido de "pastilla academica genérica" pero. ¿Con alma noble? Un renacimiento de la canción de autor que, aunque use recursos prestados, ¿Se siente honesto y necesario o repetido?
La Tierra Prometida y la Infancia Perdida
Uno de los momentos cumbre de "Tierra Prometida". Mateo recordó que su videoclip fue nominado en el prestigioso Buenos Aires Music Video Festival (BAMV Fest). En el video, la imagen del niño en una catarsis interpretativa refleja esa "emoción perdida": el miedo a crecer y el peso de las responsabilidades que apagan la curiosidad.
Hablábamos con Claudia sobre si esto "pagaba". La respuesta está en la intención. Mientras el mundo nos presiona por el éxito económico, espacios como el Ukukus y artistas como Mateo nos devuelven la capacidad de crear. Consumir aquí es un acto político: esa agua de 5 soles sabe mejor cuando sabes que apoya la música de autor en Cusco, transformando el consumo en combustible para la dignidad artística.
Gajes del Oficio: El Misterio del Sonido "Seco"
En los momentos de banda completa, la estética saltó a la vista de Tito de Ukukus. El guitarrista y el baterista (con un set Roland electrónico) lucía ese aire New Wave ochentero: una mezcla entre el Micky González de "Puedes ser tú", el Robert Smith primerizo y un Cerati del 84. El New Romantic anglosajón vivo en pleno Cusco.
Sin embargo, la física hizo de las suyas. Hubo caídas de volumen repentinas. Hipoteticamente, esto pudo deberse a un problema de impedancia en el Jack de la Ibanez o a una fluctuación en los envíos de los auxiliares hacia el PA. Mateo mencionaba que en su monitor el sonido se sentía "seco y alejado", una descripción perfecta de cuando la señal pierde su reverberación natural o entra en fase cancelada, haciendo que el músico sienta que toca dentro de una caja de cartón mientras afuera el público intenta descifrar el enigma.
El "Nudismo" de Circo y el Escrutinio Local
El aire en el Ukukus se volvió denso. La ventilación flaqueaba ante el lleno de las mesas. Al terminar, Mateo, en un arranque de libertad absoluta, exclamó: "¡Ahora sí me quitaré esto!", lanzando su prenda al aire. Hubo un segundo de silencio confuso; ¿era un ritual de "Circo Beat" o el inicio de un desnudo artístico? Fue una advertencia de libertad que cerró su set de arrullos y rupturas con un broche de oro anecdótico.
Entre trago y trago de H2O y O2, nos encontramos con el bajista de Tía May y Calle San Pablo. Entre jerga cusqueña y comentarios de "Habla, firme, esa base está en su punto", el escrutinio de los "sabores" auditivos se puso serio. Nos soltó las pepas de la agenda musical que viene para Cusco, recordándonos que en esta ciudad la música nueva se pelea entre el registro histórico y el olvido total si no hay quien la escriba pero ya pe causa , 20 Leks para el Warakazo en pre venta esta muy fuera del alcance proletario cuando no sabes que es lo que vas a comer el sabado 0
de abril o si te alcanzará para el balon de gas para solo subir la glucosa con arroz y papa.
Vol. 2: El Hechizo de Santa Madero
Para entender a Santa Madero, hay que viajar a Chaclacayo (Donde nacieron dos de mis Ex enamoradas, Saludos Wiros Cu. y a Salt Lake City) y Allí, Karina Castillo (voz y composición) y Dan Joe Salazar (teclados y producción) junto a José (Ex guitarrista) fundaron un proyecto que nació con "Pero frágil" en 2018. Su vínculo creativo es casi telepático: Karina lanza la semilla literaria y la banda construye catedrales de pop sobre ella.
La banda regresa con un aire fresco tras una etapa necesaria de reestructuración. Es importante mencionar, sin morbo pero con firmeza, que a inicios de 2024, surgieron testimonios públicos en redes sociales que involucraban a Dan en presuntos casos de abuso sexual y violencia contra mujeres. Estos hechos generaron un fuerte impacto en el circuito de "música caleta de barrio limeña", llevando a la banda a emitir comunicados y al propio músico a publicar testimonios intentando dar su versión de la historia en marzo de 2025. En tiempos donde el "Feria-core" limeño a veces oculta sombras, es importante dejar claro que el respeto es el cimiento de cualquier etapa creativa o recreativa. Hoy, con colaboradores sólidos y una ética de cuidado se presentan con un aura de bienvenida al escenario.
Eligieron un horario familiar, casi místico, para luego dar paso a los locales Haters y Siete o Nueve. Pero el plato fuerte fue Santa Madero: dedicaron una canción a Cusco que sonó a plegaria y subieron a un invitado del público que, por 4 minutos, fue parte del hechizo.
En el escenario del Ukukus, el show de Santa Madero rompió con cualquier expectativa predecible. Si uno se cruza con Karina Castillo en una calle de Cusco, vería a una joven con una sencillez que dista mucho del estereotipo de la "diva pop" plástica y distante. Sin embargo, al subir al escenario, esa apariencia cotidiana se transmuta en una seguridad arrolladora. Karina todavía no necesita lentejuelas para dominar el espacio; su gesticulación es puramente emocional, comunicando historias con una intensidad que hipnotiza a quienes siguen sentados, aún bajo el influjo de los "arrullos" de la previa.
El Setlist: De la Nostalgia al Groove
El setlist fue un viaje curado por el pulso de los sintetizadores y el bajo. Interpretaron temas que ya son himnos para su comunidad, como:
"Cruzar la pista": Una de las más coreadas, que según comentan sus seguidores en redes, se siente como un hit instantáneo que no puedes dejar de escuchar.
"Segunda Cita": Una canción que nació en el reseteo de la banda y que muestra la esencia actual del grupo.
"Mocedades": Un tema que Karina siempre recomienda y que en vivo adquiere una dimensión mucho más vibrante.
Anatomía del "Love Bombing" y Amores Tóxicos
En su catálogo, especialmente en el EP en vivo y temas discutidos en espacios como Totoral, Santa Madero explora las grietas de las relaciones modernas. Aquí profundizamos en los conceptos que Karina suele diseccionar:
Love Bombing (Bombardeo de Amor): Karina ha mencionado esta etiqueta para describir en la cancion "Muy Personal social" esa etapa inicial donde el afecto es desproporcionado e hiperacelerado. Científicamente, es una táctica de manipulación que satura de dopamina a la víctima para crear una dependencia emocional inmediata.
En canciones como "Puaj", se percibe ese rastro de alguien que "ama apurada", confundiéndose en la intensidad del inicio sin ver las señales de alerta. Es un amor que, aunque te hace sentir "feliz" en el momento, te deja vulnerable al "descarte" repentino.
Dependencia y "Amor Apurado": Sus letras interpretan ese sentimiento de estar en un "paraíso emocional" que en realidad es una jaula. La banda describe la sensación de priorizar al otro por encima de los propios hobbies o paz interior, una temática recurrente en sus letras.
"Todo Bien": Es una de las piezas más introspectivas. Karina explica que habla sobre el miedo a hablar en público y la contradicción de querer decir todo lo que uno siente mientras se "muerde la lengua". Es el manifiesto de una generación que se siente extrovertida solo a través de su arte.
El Sonido: Frecuencias que Conectan
El sonido de Santa Madero en vivo busca evitar la fatiga auditiva. Al ser Mateo Ledgard un bajista con una sensibilidad especial por el groove, las frecuencias graves no son agresivas; son envolventes. Es un diseño sonoro que busca latir al ritmo del corazón del público, creando una atmósfera etérea (muy al estilo The Cure) donde los sintetizadores no golpean, sino que "acarician el oído" con texturas que llenan el aire del local.
Santa Madero no hace las cosas por números; las hace porque les apasiona contar lo que les pasa. Esa honestidad es lo que hace que, al bajar del escenario, Karina vuelva a ser esa persona común que camina entre la gente y comparte hisprias de IG de los musicos soporte locales con los que intercambia saludos, pero dejando en el aire la estela de una de las propuestas más frescas del pop peruano actual.
La noche alcanzó su punto de mayor misticismo cuando Karina Castillo decidió que era el momento de rendir tributo a su nueva casa. "Mi Ciudad es Genial", el corte que abre su segundo álbum, fue la elegida para sellar el pacto con el Cusco. Resulta poético pensar en el desplazamiento de Santa Madero: de las tardes secas y el aire de retiro de Chaclacayo a la inmensidad de granito y nubes del Valle Sagrado. Al dedicar esta canción al Cusco, la letra adquirió una nueva dimensión. Cuando Karina canta sobre el cemento, la suciedad y esa "mierda" que se debe soportar en la urbe, no lo hace desde el odio, sino desde la resignación de quien entiende que la ciudad es un monstruo que nos moldea y que hace que si queremos disfrutar un recital a 3600 m, de elevacion, sentados o saltando depende de nostros el cuidar o no el valioso oxigeno para no estar tan agitados al final del show en escenario como Karina. En el Ukukus, "Mi Ciudad" dejó de ser un relato limeño de abandonar Chaclacayo para convertirse en el agradecimiento de quien ha encontrado un refugio en las montañas, reemplazando el ruido costero por el silencio sagrado del rio Urubamba.
El puente emocional en "Un Pequeño Desastre" de su álbum debut nos llevó directamente a recordar la dinámica de los chilenos Dënver. Es imposible ver a Karina y Mateo Ledgard y no evocar a Mariana Montenegro y Milton Mahan en sus mejores épocas con "Lo que quieras". En aquel video, la pareja se sumergía en una simbiosis donde la guitarra y el teclado eran extensiones de sus propios cuerpos, compartiendo una intimidad que se sentía casi intrusiva para el espectador. Esa misma energía, esa "seducción de dormitorio" trasladada al escenario, es la que Santa Madero proyecta hoy. Es una relación creativa que se nota en los inicios compartidos que aunque inicialmente su vínculo era principalmente artístico y profesional, ambos han hecho pública su relación a través de redes sociales, compartiendo momentos personales y colaboraciones creativas y que florece en un sonido que, al final de la canción, rozó ese shoegazing español tan propio de bandas como Los Planetas de su álbum Super 8, convocado por Denvër en el final de "Lo Que Quieras", pero en esta ocasión filtrado por la elegancia sutil del pop de autor de Chaclacayo.
La atmósfera volviéndose aún más densa con "Un pequeño desastre planeado". Aquí, el fantasma de Morrissey se paseó por el Ukukus. La canción tiene esa sensibilidad trágica de los The Smiths, donde el deseo de alargar la noche yendo a comprar al grifo porque nadie quiere enfrentar el amanecer se siente como una cuestión de vida o muerte. "Morir a tu lado sería lo mejor", parece susurrar el espíritu de la canción mientras las guitarras se envuelven en una distorsión soñadora. No es una distorsión que hiere, es una que abraza, una que permitió que Pancho —nuestro héroe de la noche— se sintiera parte de ese desastre hermoso mientras leía la letra desde su celular.
Ese momento cómico con Pancho fue oro puro. Su valentía al subir, celular en mano repasando la letra de último minuto (que resultó ser "Un pequeño desastre planeado"), rompió la cuarta pared. Karina lo recibió con esa mezcla de ternura y complicidad que caracteriza a la banda.
Este "experimento" de invitar a alguien del público a cantar una relación de pareja es el sello de Dënver (Chile). A la dinámica entre Mariana Montenegro y Milton Mahan. Cómo aquel video emblemático de ellos haciendo eso durante sus presentaciones de canciones como "Los Adolescentes" o "Lo que quieras". En sus inicios, Mariana y Milton eran pareja, y esa tensión —a veces dulce, a veces eléctrica— se sentía en cómo se miraban desde el sintetizador a la guitarra. Al igual que Karina y Mateo Ledgard, Dënver construyó su imperio sobre esa química real que se traslada a las notas.
Explorando el nuevo álbum, en su cuarto track "Oye" que también fue compartido esa noche en vivo y cierra el EP "En Vivo desde El Totoral" nos sumergió en una rítmica de cajas de ritmo que, curiosamente, evocan el synth-pop de alta fidelidad de Chvrches. Son bases rítmicas con un groove marcado que contrastan con la entrega vocal de Karina: una interpretación por momentos somnolienta, casi un susurro confesional que, para un oído no entrenado en el fragor del vivo, puede perderse entre las texturas. Es un pop que exige atención, que no te lo entrega todo masticado, sino que te invita a descifrarlo entre capas de sintetizadores.
Pero si hubo un momento de alboroto total, ese fue "Puaj!". El sencillo que sacudió los cimientos del local y que incluso animó a Mateo Ledgard a incitar al público a romper la inercia. Fue un "pogo pop" ejemplar: una explosión de energía donde la fragilidad de las letras chocó con la fuerza de la batería Roland, pero manteniendo siempre el respeto por el hombro del vecino. A diferencia de otros pogos violentos, este fue uno de espíritu libre, de saltos coordinados y sonrisas cómplices. El setlist fue un equilibrio perfecto entre la madurez de su segundo disco y esos sencillos del debut que los pusieron en el mapa, dejando claro que Santa Madero ha dejado de ser una promesa de Chaclacayo para convertirse en una realidad que ya camina con paso firme por las calles empedradas del Cusco.
La recta final de la noche en el Ukukus fue un despliegue de contrastes generacionales y teatrales. El escenario, aún caliente tras el paso de Santa Madero, recibió a Haters, quienes transformaron el recinto en un set de drama psicológico. Su presentación alcanzó el clímax en un momento de performance pura: una llamada telefónica irrumpe en el set, un controlador celoso al otro lado de la línea exige explicaciones. Ella, harta de la asfixia posesiva, grita que está en el escenario del Ukukus, que se acabó, y lanza el celular contra el piso en un estallido de rabia que dio paso a un garage rock de guitarras afiladas como navajas. El exceso de ganancia y los chirridos feedback eran tan punzantes que invitaban a los presentes a usar audífonos para cortar ese brillo hiriente a la mitad, mientras la fila para comprar el merch de Santa Madero —con sus pines y portadas firmadas por Karina— se convertía en el refugio de los que buscaban un souvenir del idilio.
Luego, el tono cambió hacia la melancolía de Siete o Nueve (o su alias místico, "Six or Seven"). Mi mesa se convirtió en parte de la escenografía cuando, a pedido de la banda, unas rosas marchitas ocuparon el espacio para servir de elemento teatral. Su set fue un ejercicio de honestidad juvenil, narrando esas explicaciones casi infantiles a los padres para pedir permiso y llegar tarde. Anunciaron un adelanto promocional con un sonido twee pop de guitarras limpias bañadas en chorus, impulsadas por una batería que por momentos evocaba el pulso de "Transmission" de Joy Division. Hubo un segundo de tensión humana cuando la baqueta izquierda voló por los aires, pero el baterista se repuso con una velocidad que el silencio del lugar no llegó a penalizar. Cerraron con la pegajosa "El calor me va a matar", un festín de arpegios jangle pop que viajaban desde la precisión de Johnny Marr hasta los ecos góticos de Héroes del Silencio. Mención aparte para la voz femenina: una inseguridad envidiable que alejaba el micro a propósito, como si su canción de amor propio fuera un secreto demasiado valioso para ser gritado, mientras el bajo luchaba por encontrar el pulso exacto entre la púa y el bombo.
Esta falta de pulso técnico me hizo reflexionar sobre los tiempos que corren. Ver ese esfuerzo artesanal me recordó a The Sundays en los noventa, evitando gastar metros de cinta analógica de tomas infinitas porque el ensayo era la única moneda de cambio para ahorrar recursos talvez hoy en día aún más por el caos ergetico y el aprovechamiento de los transportistas por el precio del combustible, al punto de cobrar la mitad del precio de un galón por apenas unos pocos 15 min de traslado en el Valle sin subir ninguna pendiente. Hoy, parece que el talento se puede alquilar por horas si tienes los "juguetes" adecuados. Es inevitable mirar hacia figuras como Jairo Rojas de Yardigans, quien con el respaldo de una carrera de ingeniería civil en universidad privada, puede costearse el título de productor y giras que consumen los mismos recursos de una iMac de alta gama con un software de diseño estructural.
Es la eterna dicotomía del privilegio: cuando Morrissey escribía en el Manchester de los ochenta, lo hacía desde la modestia proletaria y un entorno abusivo que obligó a su talento a florecer como única vía de escape. No había una cuenta familiar que comprara el equipo; había necesidad. Hoy asistimos a un elitismo que a veces intenta comprar el reconocimiento vacío, olvidando que el arte que trasciende suele nacer de la carencia y no de la inversión de capital. En el Ukukus, entre el ruido de Haters y la dulzura de Siete o Nueve, quedó claro que la autenticidad todavía no tiene precio de mercado por haber ingresado grátis.
Pero al final, cuando las luces del grifo son las únicas que quedan encendidas y el eco de "Un pequeño desastre planeado" aún resuena en los oídos, lo que queda es la verdad. Cusco tiene ahora un nuevo himno, y nosotros, los que estuvimos allí, tenemos la prueba de que el arte, cuando es real, no necesita títulos de propiedad, solo una voz que no tenga miedo a romperse y una audiencia dispuesta a saltar sin golpear al vecino.



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